jueves, 9 de julio de 2015

Sierra, vino y lugares impensables: de ruta por España.

Como cada año, suelo planear una ruta alrededor de España. Este año ya tengo planeada mi ruta pero ahora os voy a hablar de la de 2014. No es difícil entender mis motivos para la elección: huir del calor malagueño, que sea económico y una clara orientación al turismo eno-gastronómico. Y para cumplir todos estos objetivos pues "carretera y manta" y pal Norte! 
En 2014 esta fue la ruta elegida: Sierra de Gredos (Ávila), Aranda de Duero (Burgos) y San Sebastián (Guipúzcoa). 
En la Sierra de Gredos el alojamiento fue de un par de noches en el Hotel rural Bosque de la Herrezuela , es 100% recomendable. El ambiente íntimo y familiar, el fantástico trato de sus dueños y sus sólo tres años de antigüedad, harán de vuestra estancia un remanso de paz y recarga de pilas para la vuelta a la gran ciudad. Su ubicación te permite realizar largos senderos, incluso bañarte en las pozas cercanas. A pocos kilómetros de allí se encuentra el pueblo de Guisando en el cual os recomiendo os toméis un chuletón de Ávila en el restaurante del camping, sí del camping!. No es de un gran lujo, pero la materia prima es de calidad y de precios andan muy muy bien, eso sí, echad paciencia pues siempre está a tope. 




Cogimos el coche y nos pusimos en dirección hacia la provincia de Burgos, no sin antes atravesar las murallas medievales de Ávila ciudad que, como bien sabéis es Patrimonio de la Humanidad. Es estando allí cuando este hecho cobra sentido.

Una vez en la provincia nos dirigimos a Aranda de Duero, esto fue por recomendación de mi amiga Victoria, a la cual le agradezco la aportación a mi viaje desde aquí. Dos amantes del vino tinto de DO Ribera del Duero no pueden dejar de visitar la zona en la que crece su uva y en la que se produce tal cantidad de caldo. La ciudad se recorre andando en una hora, es muy pequeñita pero tiene un gran encanto: casi todos los comercios tienen en su subsuelo bodegas, visitables, del siglo XVIII. 
Una parada obligatoria a eso de las 13.00 es sin duda la Calle Isilla y el Restaurante El Lagar de Isilla. Los pinchos te dejarán sin habla, a parte de por su exquisita combinación de sabores y texturas, porque no entran en la boca de su gran tamaño. ¿Y vino? el que quieras, desde un Gran Reserva a un vino Joven, de barrica americana, de francesa... si te gusta el vino, tienes todas las variedades allí y por copas! Ni que decir tiene que siempre buscamos lo bueno,bonito y barato así que de precio estaremos hablando de unos 10€ por persona. 
Una de las actividades que más se demandan en la ciudad es la visita a las Bodegas en la periferia. Yo fui a las majestuosas Bodegas Portia del grupo Faustino. En un tour de una hora y media te muestran el proceso de creación de los distintos tipos de vino, desde la recolección de la uva hasta su embotellado. Es recomendable visitarlas entre Agosto y Octubre que es cuando los viñedos se preparan para la vendimia cargados de uvas. Diseñado por Norman Foster, el edificio con forma de estrella, tiene la peculiaridad de que en su interior se van combinando los distintos habitáculos para una mejor distribución de la uva, en sus diferentes fases, hasta que sale el producto final. Al concluir la visita se realiza una pequeña cata muy recomendable para conocer un poco más, las diferencias entre unos vinos y otros.




Tras otras dos noches de rigor en un NH de ciudad, muy céntrico, pusimos rumbo al que era el destino potente del verano: Donostia (en euskera) o San Sebastián como queráis.

Es impactante ver como el paisaje va tornándose verde poco a poco, hasta que finalmente un manto de bosques abarca toda tu vista con la única combinación del azul del cielo, bueno a veces con el gris de éste. 
Una vez que llegamos a San Sebastián nos dirigimos hacia El Monte Igueldo y aquí esta vez opté por un establecimiento de agroturismo el Hotel Maddiola Agroturismo. Si habéis visto el primer capítulo de la serie "Ahí abajo" podéis disfrutar de la espectacular vista que tiene este establecimiento al estar en una zona privilegiada en lo más alto del monte. Además te permiten convivir con animales como cabras, cerdos y alpacas. Puedo dar fe de que estos animales están en perfectas condiciones y son felices pues tienen mucho campo a su disposición. Ya quisieran muchos ganaderos tener así de bien cuidados a los animales durante su vida. Una de las Alpacas (la de la foto) fue rechazada por su madre al nacer y la criaron con biberón...es muy sociable. Os recomiendo que reserves con 6 meses de antelación puesto que es pequeña y está muy solicitada. El dueño, Patxi, es un hombre encantador que os invitará a merendar allí en la cocina nada más que aterricéis. 

Y estas son algunas de las visitas obligadas:
 Zumaya. Donde está la ermita de San Telmo, famosa por la película ocho apellidos vascos. Siéntate en sus acantilados y disfruta de estar en la última punta de la Península Ibérica. Siente ese aire fresco en tu cara y mantén la respiración para llevarte ese recuerdo contigo. 




Getaria. Su casco antiguo es precioso! todo un old town vasco que nos enamoró. No dejes de comer aquí sus maravillosos pinchos. Después de comer y para bajar los pinchos y los vinitos, o el txakoli de más, os recomiendo un paseo desde Getaria hasta Zarautz por el paseo, es precioso de esos momentos únicos en la vida. Una vez allí, Zarautz es más grande que los dos pueblos anteriores, su playa está llena de surferos/as y también se encuentra por allí el restaurante de Karlos Arguiñano (yo particularmente no pago para quedarme con hambre, pero hay que respetar todos los gustos).
San Sebastián. Pasearía una y otra vez por su parte vieja donostiarra, la parte nueva, sus edificios románticos, la playa (bahía) de La Concha, el peine del viento, el mercado de la Bretxa.




 Y al séptimo día muy temprano había que emprender la vuelta. Dejando atrás el verde, la frescura y la amabilidad y familiaridad de su gente nos despedimos del País Vasco para durante diez horas y medias llegar a nuestra Málaga bella y calurosa. Definitivamente San Sebastián es para volver y volver y volver. Yo me vine enamorada. 

Con esta imagen, que ya se sabe que valen más que mil palabras, os dejo pensado en ¿qué sería del ser humano sin estos momentos para el recuerdo? 








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